Otro día que amanezco con una idea en la cabeza. Una idea con sabor a limón.
Hace unos días me hacían una pregunta a la que respondí sin dudar y, cuya respuesta, no me asombró en absoluto, aunque nunca pensé que lo tuviera tan claro.
Es mucha la gente que me pregunta que cómo es posible que los estudios de alguien como yo, no estén relacionados con el arte o la gastronomía.
Y, si bien es cierto que no me arrepiento en absoluto de ellos, los que me lo preguntan, no dejan de llevar razón.
Y, es cierto también, que si hoy me ponen en la mesa un trabajo relacionado con mis estudios, y otro relacionado con el mundo del arte, no dudaría un segundo en cual debería escoger. Y, ni que decir tiene, si ese arte va ligado a la repostería.
Porque una cosa es lo que estudias. Otra, lo que eres.
¿Porqué dulces? ¿Porqué repostería? Porque con un dulce, todo se ve diferente.
Con un dulce, cualquier problema se esfuma con la textura y el sabor del primer bocado.
Por un momento te olvidas del presente y solo piensas en disfrutar de ese trocito que lleva la nuez o de como se está derritiendo ese pedazo de chocolate en contacto con tu boca.
Porque con un dulce, puedes hacer a alguien feliz y, si hay algo que me gusta por encima de todo es hacer a la gente feliz. Puede sonar pedante, pero es que es así. No puedo evitar contagiarme de la felicidad de otra persona al ver que la sonrisa que luce la he provocado yo.
Y eso, con un dulce, siempre se consigue.
Un dulce siempre es un buen regalo. Hace sonreir a los mayores y crea graciosos chorretes en los pequeños.
No hay más que ver a cualquier persona en la calle, saliendo de una pastelería, con un dulce entre las manos. Os prometo que la expresión de su cara es completamente distinta cuando entran a cuando salen.
Para mi, un dulce es como un abrazo.
Desde el primer momento en que te pones el mandil, hasta que se lo entregas a alguien con todo el cariño del mundo ó, sencillamente, te sientas a disfrutarlo tú mismo, delante de una taza de café sin pensar en nada más que en saborear ese momento para tí.
Todo ello, pasando por el olor que desprende el postre al ser horneado, el relameteo de esa gotita que se ha caído en la mesa, o el interminable período de tiempo en que tienes que esperar a que se enfríe.
No sabría describir de otra manera lo que supone para mí crear un dulce, solo puedo explicar que no hay sensación mejor que disfrutar o ver disfrutar a alguien de un postre que has creado tú.
Al fin y al cabo lo importante no es el dulce en sí, sino la felicidad que provoca.
...
Y, sin más, os dejo con la receta que he creado esta mañana.
Añorando ese sabor a limón que tienen los bizcochos caseros. Esos bizcochos caseros que las abuelas han creado siempre con tanto cariño. Tan amarillitos y con ese singular aroma y sabor a limón.
Para mí, uno de los postres más sencillos y ricos del planeta.
Basándome en ellos, he hecho estas magdalenas integrales de limón. Como siempre, con ingredientes naturales y saludables.
Ingredientes (para 6 magdalenas)
- 1 Huevo grande
- 20grs de Azúcar moreno
- 20ml de Aceite de oliva
- 120grs de Harina integral
- 1 cucharadita de Levadura química
- 75ml de Leche desnatada
- ralladura de un Limón
Preparación:
1. En un bol, batimos el huevo y, acto seguido, incorporaremos el azúcar y el aceite.
2. Una vez ligados los ingredientes anteriores, añadiremos la harina integral junto con la levadura y, posteriormente, incorporaremos la leche.
3. Una vez que la masa esté homogénea, terminaremos añadiendo la ralladura de un limón pequeño.
4. Una vez distribuida la masa en las cápsulas para magdalenas, llevaremos al horno, previamente precalentado a 180ºC, con calor arriba y abajo, y dejaremos que se hagan durante 15minutos.
Espero que las hagáis y, que cuando sonriáis al saborearlas, os acordéis de mi.
Un beso grande;
Vane.
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