Y tanto que no!
A pesar de que últimamente no veamos más allá de la tela de nuestros paraguas (y para eso si es que alguien se atreve a utilizarlo a riesgo de convertirse momentáneamente en Mary Poppins) debo recordaros que no solo existe lluvia, no, si no que existen otras muchas más cosas (ricas, concretamente) que nos hacen la mar de felices a los gallegos y para demostrarlo, hoy os traigo un bizcocho nada más y nada menos que... (redoble de tambores) de crema de orujo!
Bizcocho que debería de haber llegado ayer, jueves, como muchas de las recetas que cuelgo pero que, curiosamente, y por culpa del temporal, no ha podido ser porque estaba sin red en casa y me ha sido imposible actualizar el blog a tiempo! Casualidades de la vida.
Anda que para una vez que le busco el lado bueno al tiempo gallego...
En fin, el hecho es que, a estas alturas y desvelado el ingrediente protagonista del postre, podéis vaticinar que es una receta con la que os caeréis de culo, y no precisamente por haber salido volando con el paraguas.
Además puedo decir orgullosa que ha sido una invención propia :D
Eso sí, combinando un poquito la receta del bizcocho tradicional de siempre con el antojo de sabor a crema de orujo. Y aunque me enfrentaba a ella un poco temerosa (no hablemos de mi experiencia los últimos días inventando postres) al final salió de rechupete!
Ingredientes
- 4 huevos medianos
- 1 yogur natural sin azúcar
- 2 vasitos de yogur de azúcar
- 3 vasitos de yogur de harina
- 1 vasito de yogur de crema de orujo
- 1 sobre de levadura química
- Azúcar glass para decorar
Preparación
1. Batimos los huevos y a ellos incorporamos el yogur y el azúcar. Removemos bien.
2. Añadimos la harina junto con la levadura y cuando tengamos una masa homogénea, incorporamos el vasito de crema de orujo y juntamos bien.
3. Vertemos la mezcla en un molde engrasado y enharinado para que luego nos resulte más fácil desmoldarlo y lo horneamos en un horno, previamente precalentado, a unos 170ºC.
El tiempo de cocción es de 1h aproxidamente pero como siempre digo, cada horno es un mundo así que la prueba irrefutable es la del palillo limpio!
4. Dejamos templar un poco en el molde y, una vez desmoldado y frío, lo decoramos espolvoreando un poco de azúcar glass en la superficie.
Pequeños consejos:
- Podéis ponerle un toque más decorativo con algún ingrediente que tengáis por casa; yo aproveché unos dátiles que todavía tenía en la alacena después de navidad. ¿Sobras de navidad aún, decís? No queráis ver la cantidad de polvorones, hojaldres y demás que nos rodean. Aquí es que somos mu previsores y nos encanta empezar la operación bikini al límite...
Bueno, ¿fácil no? Animaros a probarlo, a más de uno le cambiará el humor :)
A postrear!
Recién salido del horno.... a ver cómo sabe al enfriar!!!
ResponderEliminarsi? lo peor es la espera jaja pero seguro que sabe muy rico! ya me contarás! :)
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